Resistencias al cambio personal

¿Qué bloquea el cambio?

Una vez que sabemos el qué, para qué y por qué queremos el cambio, además de haber pensado en el cómo, hay varios factores que bloquean que nos pongamos en marcha y lo hagamos efectivo.
El cambio personal no es fácil, y muchas veces hemos de vencer ciertas resistencias que nos impiden llevarlo a cabo.




Por una parte, podemos tener resistencia al cambio en sí mismo.
  •  No ver la necesidad del cambio. En este cambio negamos la necesidad el cambio. Pero ¿a qué coste? ¿a qué renuncias?
  •  No responsabilizarnos de los problemas y culpar al otro. Una actitud victimista, sin responsabilizarnos de nuestra vida, no facilita la predisposición hacia el cambio (“que cambie el “otro”)
  •  Esperar que las cosas cambien solas. Siento decir que eso nunca ocurre. Hemos de responsabilizarnos de forma ACTIVA del cambio.
  •  Buscar excusas: no es fácil, se necesita dinero…; en el fondo, no considerarlo una prioridad.
  •  El hábito; pensamientos, comportamientos, que han arraigado en nosotra(o)s a lo largo del tiempo y difíciles de erradicar.
¿Qué mantiene el hábito? El entorno. En el fondo muchas veces actuamos según lo que los demás esperan de nosotros. Por otra parte, muchas veces nos dejamos llevar por la rutina y la inercia. Hemos de permitirnos prestarnos atención, preguntarnos ¿dónde estoy?, ¿esto es lo que quiero? 
Esto facilitará no estar en “modo on” sin saber hacia dónde te diriges o si es lo que realmente quieres para ti.

Por otra parte, hemos de ser conscientes (a veces no lo somos) de esos beneficios secundarios que obtengo por no cambiar: huir de situaciones que me resultan incómodas, obtener atención, evitar el fracaso… pero que en el fondo, no hacen más que hacerte permanecer en un sitio del que no avanzas.

Pasada esa primera resistencia, y a pesar de tener claro que queremos cambiar y ya nos hemos planteado algunas de las cuestiones comentadas anteriormente, el cambio es difícil y tendremos que vencer algunas resistencias.  ¿Cuáles son esas resistencias?

1-      Autoconfianza- si no me creo capaz de lograr mis objetivos difícilmente me pondré en marcha o invertiré el esfuerzo y energía necesarios. Respondernos a la pregunta ¿quién soy yo? y ver cómo nos construimos (la idea que tenemos acerca de quienes somos) facilitará detectar aquellas creencias limitantes que tenemos sobre nosotros mism(a)s.

2-      Enfrentar miedos.
  •  Gestión de la incertidumbre y búsqueda de la certeza.
En el fondo es una falacia buscar certezas. El mundo es complejo y la incertidumbre forma parte de él. La vida es una continua toma de decisiones, y sin ellas… sencillamente ¡no avanzamos! Vencer el miedo a equivocarnos, confiar en que somos capaces de enfrentar las diferentes situaciones, no estar pendiente de la aprobación de los demás y sobre todo: tomar conciencia de LA IDEA FALAZ DE QUE LAS DECISIONES SON IRREVOCABLES, porque muchas veces podemos elegir tomar otra opción, ir por otro camino si ese no es el que queríamos o ahora queremos.
  •   Temor al fracaso.
El miedo al fracaso está en gran parte condicionado por tres factores:

       1.  La interpretación que realizamos de la situación. Consecuencias catastrofistas.

       2.  La anticipación que hacemos de las posibles consecuencias.

       3.  La valoración que hacemos de nosotro(a) a partir del resultado que obtengamos. Pensamos que   tener éxito o fracasar nos define como personas, confundiendo “tener un fracaso” con ser un o una “fracasado(a)".

  • Temer las pérdidas y no querer enfrentarse al duelo. 
Cualquier cambio implica pérdidas, porque dejamos de estar en la realidad cómoda que conocíamos y nos hemos de adaptar a una nueva realidad. También hay que tener presente que existen pérdidas reales, simbólicas e irracionales.
Cuando hablamos de cambio personal, además hemos de pensar que las demás personas se han de adaptar a nuestro cambio.
Por ejemplo, queremos cambiar el hecho de ser más asertivas y poner límites, esto va a implicar que las personas a las que siempre les decíamos que sí ahora se han de enfrentar a que decimos NO. Esto por una parte nos puede dar miedo, porque tememos perder a esas personas y hemos de ser pacientes y dejar que se acostumbren a nuestra forma de ser; si ese cambio, que es el que nosotro(as) queremos y nos beneficia la persona no lo acepta, tendremos que reevaluar qué nos aporta esa relación y actuar en consecuencia.
Pero además cambiamos la imagen que tenemos de nosotro(a)s, y eso puede no ser fácil. Esa imagen de mí como buena persona, amigo(a), hijo(a)-porque siempre decía que sí, no ponía límites…- puede convertirse de forma errónea en verse como egoísta. Hemos de saber resituar todas estas cosas, siendo capaces de ver que ser una buen(a), amigo(a), hijo(a)… no tiene que ver con estar siempre pendiente o dándome a la otra persona, y que además de buen(a) hijo(a)… resulta que puedo ser creativo(a), inteligente…, así como hemos de reconocer esos beneficios secundarios que tenemos por no cambiar (nadie se enfada conmigo, evito conflictos…)

Recuerda, incluso el cambio más pequeño te llevará en otra dirección. Un gran cambio es la suma de muchos pequeños cambios.

Cualquier consulta, duda o petición de información podéis hacerlo presencialmente en mi consulta de psicología en Barcelona 93 129 19 34 o a través del correo psicologa.monicatimon@gmail.com 

Y como siempre, si os ha gustado, ¡compartid!

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