La importancia del por qué y el para qué del cambio

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Como señalé en mi anterior post https://www.monicatimon.com/2019/01/la-gestion-del-cambio-personal.html, una vez llegados al qué quiero cambiar, hemos de seguir haciéndonos una serie de preguntas antes de pasar a la acción.

Preguntémonos “¿por qué quiero el cambio?” Es importante tener en cuenta responder a la pregunta ¿por qué lo quiero? ¿Por qué quiero cambiar? El cambio es un proceso, un camino, que implica trabajo y esfuerzo, ¡no ocurre de la noche a la mañana, ni viene caído del cielo!, y para ello tenemos que estar realmente motivado(a)s. Por eso es importante tomar conciencia de ¿por qué quiero el cambio? El cambio ha de venir de una necesidad propia, no porque alguien nos lo pide o creemos que es lo que hemos de hacer porque otras personas lo hacen. Si la motivación viene de fuera, ya sea porque me siento obligado(a) o me presionan a hacerlo, o bien, porque es lo que veo que hace todo el mundo, difícilmente será una motivación adecuada para continuar el camino.
También es necesa…

¿Dolor o sufrimiento?

En mi anterior post lanzaba la pregunta: ¿es lo mismo el dolor que el sufrimiento?... 
El duelo es el proceso normal, transitorio, asociado a una pérdida; de ahí que el DOLOR es INEVITABLE. A pesar de la intensidad y malestar con la que se pueden vivenciar los sentimientos y síntomas asociados, estos van disminuyendo gradualmente hasta que la persona inicia el proceso de aceptación de la pérdida, que da lugar al reajuste emocional y psicológico.
Esto implica que, en todo momento, la persona está anclada en el presente. En un primer momento ese presente incluye tristeza, rabia (“por qué a mí”, “es injusto”…), culpabilización (se culpa a otros o a uno mismo por lo que podría haber hecho…), insomnio… e incluso, en duelos intensos por fallecimiento de un ser querido, sensaciones de que la persona está aún presente, de escuchar su voz... Poco a poco estos síntomas iniciales  van desapareciendo conforme la persona va siendo capaz de aprovechar aquellos momentos positivos que el presente le puede ofrecer (compañía, un abrazo, actividades gratificantes…); la persona va poco a poco “construyendo” o “viviendo” otra realidad al empezar a salir con sus amistades, al volver a algunas  de las actividades que hacía antes y, sobre todo, descubriendo otras nuevas... Este tener que “construirse”, y adaptarse a una nueva realidad es lo que permite decir que del DOLOR se APRENDE, te transforma. En el fondo el dolor permite la liberación y renacer cual Ave Fénix.
Cuando la persona, en lugar de poco a poco ir centrándose en “vivir el presente”, se queda anclada en el pasado, en aquello que ya no está o no tiene, esos sentimientos de tristeza, culpa, rabia se instalan; esos pensamientos negativos de creer que no podrá soportar el dolor o que éste durará para siempre, de “no seré capaz de vivir sin él/ella”, “nunca volverá a ser lo mismo”, “nunca encontraré trabajo”… se convierten en un bucle constante y del que no se puede salir. De algún modo, en lugar de aceptar que esa realidad anterior ya no existe, lo que pretendemos, en lo que continuamos invirtiendo nuestro esfuerzo y empeño, es que la situación vuelva a ser como antes (que esa persona aún esté con nosotros, que no nos hayan despedido...). Es entonces cuando el dolor, que tiene su función y duración, se convierte en sufrimiento. El SUFRIMIENTO te aferra a algo que no te permite crecer. La actitud, qué hacemos con lo que vivimos, el significado que le damos a lo que ha sucedido es  esencial para no convertir el dolor en sufrimiento. SUFRIR es evitable. Hablaré sobre esto en mi próximo post.
Y ya sabéis, si os ha gustado, ¡compartid!. Os podéis poner en contacto conmigo en psicologa.monicatimon@gmail.com

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