La importancia del por qué y el para qué del cambio

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Como señalé en mi anterior post https://www.monicatimon.com/2019/01/la-gestion-del-cambio-personal.html, una vez llegados al qué quiero cambiar, hemos de seguir haciéndonos una serie de preguntas antes de pasar a la acción.

Preguntémonos “¿por qué quiero el cambio?” Es importante tener en cuenta responder a la pregunta ¿por qué lo quiero? ¿Por qué quiero cambiar? El cambio es un proceso, un camino, que implica trabajo y esfuerzo, ¡no ocurre de la noche a la mañana, ni viene caído del cielo!, y para ello tenemos que estar realmente motivado(a)s. Por eso es importante tomar conciencia de ¿por qué quiero el cambio? El cambio ha de venir de una necesidad propia, no porque alguien nos lo pide o creemos que es lo que hemos de hacer porque otras personas lo hacen. Si la motivación viene de fuera, ya sea porque me siento obligado(a) o me presionan a hacerlo, o bien, porque es lo que veo que hace todo el mundo, difícilmente será una motivación adecuada para continuar el camino.
También es necesa…

Taller "El cuidado de la persona cuidadora": nuestro autocuidado y el espacio personal

Muy contenta del inicio del taller “El cuidado de la persona cuidadora” que se está realizando en el Municipio de Esparraguera a iniciativa de la “Regidoria de Polítiques d’Igualtat”

Esta primera sesión era una toma de contacto para conocernos y compartir la situación personal de cada asistente. Reflexionamos sobre qué significa para cada una de nosotras la palabra “Cuidar”, señalando la importancia de reconocer que, a pesar de los aspectos positivos a los que se aludían “ayuda”, “hacer feliz”, “empatía”, “responsabilidad”, estos se podían “volver en contra nuestra” cuando la ayuda al otro y la hiperresponsabilidad repercutían en olvidarnos de nosotras. La autoempatía y el cuidado a nuestras necesidades y deseos es imprescindible para poder ofrecer la ayuda que queremos de una forma adecuada. Como señalaba una de las mujeres “a veces estoy tan agotada que me irrito y enfado con mucha facilidad ¡y con quién me enfado es con ella! (la persona que cuida)”. Estuvimos de acuerdo en que hay que NEGOCIAR, encontrar el equilibrio entre cubrir las necesidades de la persona que cuidamos y las propias.

¿Qué es lo que dificulta o impide que podamos llevarlo a cabo? Algunas de las cosas que se comentaron dan una pista de ello. En ocasiones la persona que cuida no ha sabido construir un espacio personal propio que le favorezca encontrar momentos de bienestar sin la otra persona. A veces se alude al “no sé” hacerlo, cuando en el fondo lo que hay detrás es un deseo “irreal” de que la persona que cuidamos sea capaz de mejora o progresión en su enfermedad. También existe el sentimiento de “que no se hace lo suficiente”. Este aspecto fue el que más intensamente se trabajó.

¿Y nuestro espacio personal? ¿Hace cuánto que no nos permitimos un tiempo para nosotras? ¿Cómo cubrimos nuestro espacio de ocio personal y social? ¿Sabemos darnos un `premio después de un día o días especialmente “duros”?

Acabamos con una tarea para casa: apuntar en un cronograma (calendario de actividades) aquellos momentos que nos dedicábamos a nosotras. Hemos de tomar conciencia de cómo invertimos el tiempo y a qué lo dedicamos, sintiendo que tenemos el control sobre ello.

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