La importancia del por qué y el para qué del cambio

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Como señalé en mi anterior post https://www.monicatimon.com/2019/01/la-gestion-del-cambio-personal.html, una vez llegados al qué quiero cambiar, hemos de seguir haciéndonos una serie de preguntas antes de pasar a la acción.

Preguntémonos “¿por qué quiero el cambio?” Es importante tener en cuenta responder a la pregunta ¿por qué lo quiero? ¿Por qué quiero cambiar? El cambio es un proceso, un camino, que implica trabajo y esfuerzo, ¡no ocurre de la noche a la mañana, ni viene caído del cielo!, y para ello tenemos que estar realmente motivado(a)s. Por eso es importante tomar conciencia de ¿por qué quiero el cambio? El cambio ha de venir de una necesidad propia, no porque alguien nos lo pide o creemos que es lo que hemos de hacer porque otras personas lo hacen. Si la motivación viene de fuera, ya sea porque me siento obligado(a) o me presionan a hacerlo, o bien, porque es lo que veo que hace todo el mundo, difícilmente será una motivación adecuada para continuar el camino.
También es necesa…

Conciencia emocional

La inteligencia emocional, según Daniel Goleman, se basa en cinco competencias principales: conciencia emocional, regulación de las emociones, automotivación e inteligencia interpersonal y habilidades sociales.

En las siguientes entradas nos centraremos en la primera: la conciencia emocional

Hemos de saber identificar, reconocer y nombrar nuestras emociones. Tener conciencia de nuestras propias emociones (y de la de los demás) en el momento en que ocurren es la piedra angular de la inteligencia emocional. La capacidad para percibir con precisión nuestras emociones y sentimientos, identificándolos y dándoles nombre, será la competencia sobre la que se cimienten las otras habilidades de la competencia emocional.
Nuestras emociones van a proporcionarnos información valiosa sobre nosotros mismos, sobre otras personas y sobre determinadas situaciones y hemos de saber “escucharlas”. Esto implica reconocer que tenemos emociones y sentimientos, poder reconocerlos, saber qué los originó, ser conscientes de su intensidad y poder identificar su significado. 
No siempre es fácil este primer paso, y en muchas ocasiones las personas nos negamos o reprimimos las emociones. A veces nos prohibimos, consciente o inconscientemente, vivir una emoción que nos incomoda, y la reemplazamos por otra; es lo que se llama fenómeno de racket emocional. En concreto, estos sentimientos sustituyen a otros sentimientos reprimidos o prohibidos, son sentimientos que se usan para manipular a otro (chantaje emocional) o son sentimientos que están fuera de contacto con el aquí y ahora (alguien te da una mala noticia, esperas que esté triste, pero bromea o se burla de sí misma). 
¡Cuántas veces un sentimiento que tenemos está escondiendo otro! Os dejo el enlace en vídeo http://www.youtube.com/watch?v=7e2zEuS-jn4 el cuento “La tristeza y la furia” para ilustrar lo que quiero decir.
Sin embargo, reprimir una emoción o “falsificarla” no hará que desaparezca, por más “disciplina y control” que utilicemos. Seguirá presente en nuestras vidas, pero expresándose de otras formas, como rigidez corporal, insomnio, adicciones, falta de espontaneidad,… A veces negamos la realidad con el propósito de no afrontar situaciones y sentimientos que nos resultan dolorosos; distorsionamos, disfrazamos o bien negamos lo que sucede y lo que sentimos para evitar sentir ansiedad y dolor.
Podríamos establecer una escala dentro del grado de conciencia emocional: 1. No tenemos ninguna conciencia de nuestros sentimientos o emociones. 2.  Registramos físicamente nuestras emociones, como dolores de cabeza o mareos, pero no tenemos conciencia de las emociones mismas. 3. Tenemos conciencia de una emoción pero no sabemos en qué consiste, no podemos hablar acerca de ella ni comprenderla (me siento mal pero no sé muy bien qué me pasa) 4. Podemos diferenciar los sentimientos y hablar de ellos 5. No sólo podemos diferenciar las emociones, sino que además sabemos cuáles son las causas de la misma 5. Estamos en contacto con las emociones de otras personas (empatía).

En ocasiones la dificultad estriba en que hay sentimientos que fluyen de forma casi inconsciente, y que pueden tener bastante influencia en nuestra forma de percibir las cosas o de reaccionar ante determinadas situaciones. Desde una intervención terapéutica hay distintas técnicas que ayudan a la persona a reconocer y aceptar, en definitiva a hacer fluir y liberar, aquellos sentimientos y emociones que por algún motivo no nos estamos permitiendo sentir. En la siguiente entrada describiré unos sencillos ejercicios y pautas que facilitan la toma de conciencia de nuestras emociones y sentimientos.

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