¿Qué necesitamos? ¿Qué necesidades buscamos cubrir? ...

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Todas las personas, sin excepción, necesitamos seguridad, sentir que pertenecemos a un grupo (ya sea la familia, amistades…), afecto, reconocimiento y trascendencia (autorrealización).
Lo que nos diferencia a unas personas de otras es cómo buscamos cubrir esas necesidades. Además, también es diferente qué necesidad o necesidades están movilizando nuestra forma de afrontar la vida y de relacionarnos. Por ejemplo, una persona quiere cubrir la necesidad de afecto a través de la búsqueda del amor y una constante exigencia de que se le demuestre amor. Otra persona quiere cubrir la necesidad de reconocimiento a través del sentido del deber (“lo que se supone o le han dicho debe ser/hacer” o de afirmarse a través de la aprobación de otros (padre, éxito social…).  El problema no es en sí buscar afecto y reconocimiento de los otros, sino cuando queremos cubrir esas necesidades desde un sentimiento de carencia y buscamos FUERA lo que tendríamos que encontrar en nuestro interior. Es decir, buscar e…

El espacio personal

Uno de los aspectos más importantes a la hora de considerar la autoestima tiene que ver con la construcción de nuestro espacio personal.  El conocimiento que tenemos de nosotros mismos tiene que favorecer la construcción de un espacio propio, un espacio donde estén reflejados nuestros intereses, necesidades, deseos, motivaciones…
Esto que estoy diciendo a veces no resulta tan fácil, y en el fondo a veces lo que hacemos es vivir para los otros, vivir en función de los objetivos de los demás. El principal problema es que a veces no creemos que NOSOTROS hayamos de ser NUESTRA PRIORIDAD. La dificultad que en mi consulta he observado, especialmente en mujeres, para que se asuma YO SOY MI PRIORIDAD, hace que en muchas ocasiones, al priorizar a los demás, anulemos nuestras necesidades, nuestros deseos; en el fondo, que nos anulemos a nosotros mismos. Se confunde a veces el pensar que uno mismo es una prioridad con el egoísmo. Priorizarnos no tiene nada que ver con que además no demos importancia e incluso que en ocasiones prioricemos en nuestra vida a los demás (hijos, pareja, padres, amistades…), que demos (o entreguemos) parte de nosotros a los demás (en eso consiste amar), pero pensemos una cosa: ¿cómo podré aportar más a una relación?, ¿cómo podré establecer relaciones sanas y no de dependencia? O dicho de otro modo, ¿cómo podré querer mejor a las personas?: cuando me quiera a mí mismo/a. Si yo no me cuido, si yo no soy una persona satisfecha y no estoy a gusto conmigo mismo difícilmente podré entregar lo mejor de mí a los demás; si yo mismo me anulo ¿qué doy?. Para tener relaciones sanas y que aporten hemos de considerarnos una prioridad; hemos de construir un YO que valoremos, que apreciemos, y esa valoración dependerá de construyamos un YO que reconozca y de importancia a sus necesidades, deseos, objetivos…
Os voy a proponer dos pequeños ejercicios.
El primero es muy sencillo. Pensad y haced una lista de 5 o 6 cosas que os generen bienestar emocional (tranquilidad, serenidad, ilusión, alegría…). Me refiero a cosas sencillas, esas pequeñas cosas de la vida cotidiana que podríais hacer en el día a día, y no a “que me toque la lotería” o “coger vacaciones e irme un mes fuera” (eso son más bien deseos).
¿Os ha costado encontrar esas pequeñas cosas? Espero que no, pero si es así es necesario trabajar este aspecto. Es necesario que reserves espacio para ti, que te dediques un tiempo y explores, investigues,  que descubras esas pequeñas cosas que a ti te hacen sentir bien. Es cierto que esto no se va a conseguir en un día, y quizá te involucres en cosas que luego veas que “no van contigo”, pero la única forma que tienes de conocerte, de saber qué cosas te pueden hacer sentir bien es experimentando, moviéndote, comprobando, intentando… ¡hasta que lo encuentres!
Una vez realizada la lista, pensad: ¿cuántas de estas cosas dependen de los demás? Por ejemplo: tomar un café con una amiga, contar un cuento a mi hijo/a, compartir un cine con mi pareja…  Esto está muy bien, y es muy positivo, ¿pero y si no está mi amiga?, ¿y si algún día no puedo contar con mi hijo/a?, ¿y si mi pareja un día no está  ahí?… Hemos de tener en cuenta que aunque cuando establecemos relaciones pensamos que van a ser para siempre, puede que no sea así.  Es importante que sepamos estar bien a solas con nosotros mismos, que sepamos qué cosas nos hacen sentir bien sin que éstas dependan de que las compartamos con alguien más. Si la mayoría de las cosas anotadas en la lista se supeditaban a otras personas, os animo a incluir cosas que os hagan sentir bien estando única y exclusivamente con vosotros mismos.
Y la última pregunta, ¿hace cuánto tiempo no os dais esos pequeños regalos, que no os dedicáis ese tiempo para hacer alguna de esas cosas que os hacen sentir bien? Si la respuesta es “hace muy poco, hoy mismo”, perfecto. Sin embargo a veces sabemos perfectamente cuáles son esas pequeñas cosas que nos hacen sentir bien y no nos damos el espacio ni el tiempo para llevarlas a cabo; el día a día nos come, lo olvidamos. O pensamos que no podemos (“tengo que organizar la casa, recoger a mi hijo/a, preparar el desayuno, la comida, la cena, ¡y trabajar!!”, es una de las contestaciones que más escucho de una mujer cuando intento que organice su tiempo para darse un poco, sólo un poco, de espacio personal) o porque estamos viviendo una situación límite en la que toca dar a los demás (cuidar a alguien enfermo, por ejemplo). Incluso en este último caso hemos de tener en cuenta la importancia de darnos un descanso para no agotarnos emocionalmente; de hecho, una de las características de las personas con capacidad de resiliencia (resiliencia es la capacidad de superar las adversidades) es saber cuándo parar y darse un respiro; podremos dar más si no nos desgastamos y somos capaces de reconocer nuestros límites, dándonos un respiro y regalándonos esas pequeñas cosas que nos hacen sentir bien para volver a cargar energías. A veces damos más de lo que podemos; no nos exijamos tanto y revisemos nuestros “debería” y “tengo que”.
Para el segundo ejercicio os dejo unos días, porque quiero que penséis cuáles son vuestros objetivos vitales (no confundir con deseos). Pensad un mínimo de tres metas que queráis lograr en la vida. Seguiremos…

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