¿Qué implica una ruptura de pareja?

He iniciado una colaboración con la abogada y mediadora Marina Aylagas, especializada en derecho de familia y gestión de rupturas matrimoniales y de parejas de hecho. Os comparto el post que he escrito y ha publicado en su blog. Marina es una profesional que se implica en ofrecer el mejor servicio posible y cuando nos conocimos se mostró interesada en dar a conocer las implicaciones psicológicas y emocionales que aparecen en un proceso de ruptura y pueden condicionar el procedimiento judicial. Lo encontraréis en el link
http://aylagasabogada.com/es/2018/02/14/ruptura-divorcio/

Para saber cómo afrontar una ruptura de pareja o sentimental primero hemos de entender qué implica una ruptura.
Hay dos aspectos importantes que hemos de tener en cuenta.
Una ruptura implica una pérdida. Perdemos la realidad que hasta ahora conocemos (compartir cosas con alguien, amistades comunes, la gestión conjunta del cuidado de los hijos e hijas si se tienen, el nivel económico…), y hemos de resituar y adaptarnos a una nueva realidad. No sólo hay una pérdida de cosas tangibles o materiales, sino que también hay pérdidas simbólicas: la idea de “tengo pareja para toda la vida” o del “amor eterno”, de los proyectos y sueños ideados como pareja, el sentimiento de confianza en alguien, de lo pensado como un logro y la consiguiente vivencia de fracaso…
Cualquier pérdida, por pequeña que sea, implica ELABORAR UN DUELO, y como su nombre indica, conlleva conectar con el dolor, y eso nunca es fácil.  El dolor es tanto emocional como físico (insomnio, taquicardias, dolor de cabeza…). A pesar de la intensidad y malestar con la que se pueden vivenciar los sentimientos y síntomas asociados, estos van disminuyendo gradualmente hasta que se inicia el proceso de aceptación de la pérdida, que da lugar al reajuste emocional y psicológico. La intensidad del duelo dependerá de diversos factores, como el tipo y duración del vínculo emocional existente, si es una ruptura unilateral o no, el momento vital de cada persona, que haya infidelidad o terceras personas… Pero es cierto que comporta un tiempo de tener que aprender a gestionar sentimientos que generan un intenso malestar, tanto en la persona que es abandonada como en la que abandona.
Superada la fase de negación y shock, sentimientos de rabia, impotencia e injusticia (y más si consideramos que ha habido una traición), forman parte de ese proceso. Sentimientos que si no se saben manejar pueden derivar en sentimientos de resentimiento, rencor e incluso venganza. También suele aparecer el sentimiento de culpa (por no haberlo visto venir, por creer que no se ha hecho lo suficiente y que podía haber hecho más, por pensar que ha sido mi responsabilidad o por el daño que pienso que estoy causando a la persona que dejo…), y que puede incidir en nuestra autoestima. Sin olvidar los sentimientos de tristeza, ansiedad y desesperanza, que hemos de aprender a tolerar y gestionar, de forma que no nos anclemos en el pasado.
También es importante señalar que la ruptura implica un cambio, y saber gestionar los cambios no es fácil, porque aparecen con frecuencia los miedos: miedo a la soledad, a si seré capaz de salir adelante sin nadie, a si volveré a enamorarme y conocer a otra persona…
Todo esto implica una ruptura en sus primeros momentos, y es importante saberlo para tener presente que tenemos derecho a sentirnos de ese modo y que entra dentro de la normalidad, a la vez que nos sirve para entender que se trata de un proceso que tiene un fin si se sabe gestionar adecuadamente; en aquellos casos en los que veamos que no somos capaces es conveniente buscar ayuda profesional. También es importante tenerlo en cuenta porque ante un proceso de divorcio hemos de ser conscientes de en qué momento emocional se está (incluyendo a la ex pareja) para estar alerta ante determinadas decisiones importantes que hemos de tomar.
Y ya sabéis, cualquier consulta, podéis contactar en psicologa.monicatimon@gmail.com
Si os ha gustado el post, ¡compartid!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Superar la dependencia emocional: vencer el síndrome de abstinencia

El estilo atribucional

Motivación, interés y entusiasmo