CONTROL E HIPERCONTROL

Os hago una pregunta, ¿sentís que tenéis el control de vuestra vida?

Sentir que tenemos el control sobre nuestra vida, sobre cómo gestionamos nuestro tiempo, sobre cómo afrontamos las situaciones imprevistas o dolorosas... es básico para nuestro bienestar psicológico y emocional. Muchas veces sentimos que el tiempo nos consume; ante una determinada situación entramos en un bucle de malestar, sintiendo que nos supera; sentimos que nos suceden cosas por inercia, pero no lo que queremos...
Sentir que tenemos el control significa que decidimos, priorizamos, elegimos cómo actuar y reconocemos nuestros recursos para afrontar determinados acontecimientos vitales. Implica por tanto confiar en nuestra capacidad de elegir y tomar decisiones, así como la confianza en nuestros recursos para afrontar cambios y situaciones imprevistas. No digo que sea fácil, e iré facilitando pautas y estrategias específicas para sentir que tenemos el control en cada uno de los aspectos que he señalado anteriormente, pero de momento os animo a reflexionar honestamente sobre si sentís que tenéis el control sobre vuestra vida y/o en qué áreas no lo estáis sintiendo o se os hace más difícil. Merece la pena.
Sentir que tenemos el control sobre nuestra vida no es lo mismo que controlar lo que nos pasa o sucede en la vida; no significa que dejen de existir momentos de dolor y situaciones imprevistas. Sencillamente hay cosas que no podemos controlar, reconocerlo y aceptarlo permite aumentar tú sensación de control.

Cuando, en lugar de asumir que hay cosas que no están bajo nuestro control y aceptarlo, sentimos la necesidad de querer tener todo bajo control estamos cayendo en el HIPERCONTROL. Acucia la necesidad de controlar todo, como si fuéramos omnipotentes; nos es difícil delegar o, por ejemplo, volar en avión.
A nivel cognitivo, se muestra una exigencia de perfección y mostramos unas creencias rígidas, basadas en lo absoluto y la norma (lo bueno es esto y lo malo lo otro), llegando en su forma extrema a la obsesión. Anulamos de esta forma cualquier pensamiento de tipo creativo.
Este control incide también en el sistema fisiológico, pues la hipervigilancia hace que nuestro sistema nervioso simpático esté hiperactivado (elevación del ritmo cardiaco, músculos tensos…). 
A nivel emocional se reprimen las emociones, eliminando así la espontaneidad. Nos protegemos de sentirnos abrumados por la emoción, incluyendo aquellas que expresan alegría, entusiasmo.
Tras el hipercontrol se esconden nuestros miedos, generando un sentimiento de ansiedad. Hemos de aprender a enfrentarnos y ponernos en contacto con aquello que tememos. Soltar el control implica aprender  a convivir con lo imprevisto, con la incertidumbre e inseguridad. De esta forma nos sentiremos más creativos, más vivos.

Hay que tener en cuenta que autocontrol emocional no es lo mismo que el exceso de control.  El autocontrol es necesario,  y nos permite un rendimiento eficaz. El autocontrol, ¿implica negar la espontaneidad? NO. Lo importante es distinguir entre espontaneidad e impulsividad, y sobre esto hablaré en mi próximo post.
Y como siempre, si os ha gustado, ¡compartid!
Para más información o consulta psicologa.monicatimon@gmail.com

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