jueves, 19 de enero de 2017

¿Dolor o sufrimiento?

En mi anterior post lanzaba la pregunta: ¿es lo mismo el dolor que el sufrimiento?... 
El duelo es el proceso normal, transitorio, asociado a una pérdida; de ahí que el DOLOR es INEVITABLE. A pesar de la intensidad y malestar con la que se pueden vivenciar los sentimientos y síntomas asociados, estos van disminuyendo gradualmente hasta que la persona inicia el proceso de aceptación de la pérdida, que da lugar al reajuste emocional y psicológico.
Esto implica que, en todo momento, la persona está anclada en el presente. En un primer momento ese presente incluye tristeza, rabia (“por qué a mí”, “es injusto”…), culpabilización (se culpa a otros o a uno mismo por lo que podría haber hecho…), insomnio… e incluso, en duelos intensos por fallecimiento de un ser querido, sensaciones de que la persona está aún presente, de escuchar su voz... Poco a poco estos síntomas iniciales  van desapareciendo conforme la persona va siendo capaz de aprovechar aquellos momentos positivos que el presente le puede ofrecer (compañía, un abrazo, actividades gratificantes…); la persona va poco a poco “construyendo” o “viviendo” otra realidad al empezar a salir con sus amistades, al volver a algunas  de las actividades que hacía antes y, sobre todo, descubriendo otras nuevas... Este tener que “construirse”, y adaptarse a una nueva realidad es lo que permite decir que del DOLOR se APRENDE, te transforma. En el fondo el dolor permite la liberación y renacer cual Ave Fénix.
Cuando la persona, en lugar de poco a poco ir centrándose en “vivir el presente”, se queda anclada en el pasado, en aquello que ya no está o no tiene, esos sentimientos de tristeza, culpa, rabia se instalan; esos pensamientos negativos de creer que no podrá soportar el dolor o que éste durará para siempre, de “no seré capaz de vivir sin él/ella”, “nunca volverá a ser lo mismo”, “nunca encontraré trabajo”… se convierten en un bucle constante y del que no se puede salir. De algún modo, en lugar de aceptar que esa realidad anterior ya no existe, lo que pretendemos, en lo que continuamos invirtiendo nuestro esfuerzo y empeño, es que la situación vuelva a ser como antes (que esa persona aún esté con nosotros, que no nos hayan despedido...). Es entonces cuando el dolor, que tiene su función y duración, se convierte en sufrimiento. El SUFRIMIENTO te aferra a algo que no te permite crecer. La actitud, qué hacemos con lo que vivimos, el significado que le damos a lo que ha sucedido es  esencial para no convertir el dolor en sufrimiento. SUFRIR es evitable. Hablaré sobre esto en mi próximo post.
Y ya sabéis, si os ha gustado, ¡compartid!. Os podéis poner en contacto conmigo en psicologa.monicatimon@gmail.com

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