Afrontar los miedos internos

Tras hablar de los miedos externos y fobias http://www.monicatimon.com/2015/11/miedos-externos-y-fobias_91.html hoy comentaré sobre los miedos internos.
Este tipo de miedos están estrechamente asociados con un bajo nivel de autoestima o de confianza. Sin embargo, como con el miedo externo, los factores desencadenantes son provenientes de una fuente externa que produce una emoción negativa. Por ejemplo el miedo a hablar en público.
El disparador automático (el auditorio, el público…) produce reacciones internas y temores, que se manifiestan como duda o el cuestionamiento de la capacidad que poseemos para realizar esa tarea o acción (“no voy a poder”, “no voy a ser capaz”, “me voy a quedar en blanco”…) ¡Hemos de cuestionar todas esas ideas irracionales que aparecen ante nosotros
La única forma de gestionar este miedo es afrontarlo, ACTUAR. Para ello tendremos que aprender a construir otra forma de vernos y de ver la situación; trabajar esas creencias limitantes sobre nosotros mismos que nos impiden creernos capaces de lograr ese objetivo. Eso a veces implica enfrentarse a nuestras inseguridades y carencias, lo que puede dificultar el proceso ¡pero es necesario y merecerá la pena!
Preguntémonos qué es lo peor que puede pasar si actúo y reevaluemos si es necesario nuestra concepción del fracaso. ¿Qué idea del fracaso tenemos? ¿Cómo nos vemos nosotros mismos ante el fracaso? El fracaso no ha de incidir en nuestra valía de forma negativa, y hemos de deconstruir esa idea que se tiene de que intentar lograr algo y no conseguirlo ¡es un fracaso! NO es un fracaso, ¡lo has intentado! ¡Has vencido el miedo para intentar lograr aquello que querías! Has fracasado ¡y qué! Aprende de la experiencia, evalúa aquello que podrías hacer de otra manera, piensa qué te ha faltado para conseguirlo, acepta si es el caso tus errores y analiza qué es lo que te dicen de ti o la situación, etc. En todo caso, ahuyenta de ti esos sentimientos de vergüenza y humillación y piensa que por lo menos LO HAS INTENTADO.  
Por otra parte lo peor que puede pasar es que lleguemos a nuestro límite de competencia. Pero por lo menos conocemos nuestro límite, por doloroso que pueda ser en ese momento, sabes de lo que eres capaz y de lo que no. A mi modo de ver lo ideal es que cada persona llegue al máximo de su potencial, de su capacidad, sea la que sea, y a veces nosotros mismos nos autolimitamos y por miedo a encontrarnos con ese límite propio no seguimos avanzando, nos quedamos antes a pesar de que podríamos lograr más cosas. Es una pena, ¿verdad?

Veamos la situación como un RETO y no como un obstáculo. Para ello es bueno darnos la oportunidad de aprender, de entrenar, de ir logrando experiencia poco a poco ¡nadie nace enseñado! No tengamos un alto nivel de autoexigencia y queramos lograrlo de 10 a la primera. ¡Con un 4, 5 o 6 es suficiente la primera vez! Nos habrá servido para lograr esa experiencia que necesitamos y aprender.
Tendremos que ir paso a paso, poniéndonos (sub)metas e ir avanzando a través de ellas; es más fácil que actuemos si vemos más asequible aquello que queremos lograr que si miramos demasiado hacia delante y lo que vemos algo que, de momento, está fuera de nuestro alcance. Establezcamos una jerarquía y comencemos por la que sabemos que podemos conseguir. Si en algún momento, durante el proceso, nos estancamos porque la siguiente meta nos supone un gran esfuerzo, es que falta un paso intermedio en esa jerarquía
Poner metas también nos ayudará a concretar. A veces visualizamos nuestro miedo de una forma vaga o abstracta (miedo al fracaso, miedo al rechazo), y así es difícil que podamos pensar en estrategias de acción. Hemos de pensar nuestro miedo de una forma específica, bien definida, de forma que podamos establecer metas e incluso submetas.
Es necesario por tanto incidir más en el proceso que en el resultado. Como se suele decir, el hacer camino es lo importante, y no tanto el objetivo final. Centrarnos en el resultado a veces puede facilitar que nos bloqueemos al visualizarlo lejano, fuera de nuestro alcance; centrémonos en el paso (o pasito) que hemos de dar ahora y que SI está a nuestro alcance para acercarnos a lo que queremos.

Por último, si quieres conquistar el tipo de miedo interno, tendrás que averiguar qué función está desempeñando la aparición de ese miedo. Normalmente responde a cubrir una necesidad que tenemos de comportarnos de una manera o de otra y esto al final se convierte en un hábito que facilita que se mantenga. Por ejemplo, una persona que tras el primer episodio de ataque de pánico en el exterior desarrolla una agorafobia; el análisis posterior señala que detrás hay una sensación de vulnerabilidad y necesidad de protección y afecto ¿Pero qué pasa? Desde que tiene la agorafobia la persona se siente más cuidada y protegida por su familia, por lo que tendrá que renunciar a ese beneficio si quiere afrontar ese miedo (en realidad parte de la terapia irá dirigida a que sepa encontrar la sensación de seguridad en ella misma, en su interior, más que en el exterior). 

Para más información no dudéis en contactar al mail psicologa.monicatimon@gmail.com

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