La Autoestima y el poder de las creencias limitantes

Construimos la realidad de nosotros mismos, la forma de "vernos" a nosotros mismos. 
¿Te crees que eres un fracasado por una relación que no ha funcionado?, ¿te crees una inútil porque te ves desbordada por todas tus responsabilidades? TE ESTÁS VIENDO DE ESA FORMA. Todo el mundo tiene limitaciones y aspectos positivos. TODAS LAS PERSONAS. Yo, tú y el de más allá. Supongo que en eso estaremos de acuerdo. ¿Cuál es la diferencia entre una persona con alta autoestima y una con baja autoestima? Que la persona con una alta autoestima CONOCE Y VALORA sus cualidades y CONOCE Y ACEPTA sus limitaciones. Aunque todos tenemos aspectos en los que centrar nuestra valía, hay personas que no las saben ver o reconocer; o que aunque las vean, no las valoran (“es lo normal”, “sí, soy cariñosa, pero como la mayoría de la gente”...; personas que a pesar de ser capaces de hacer una pequeña lista de cosas positivas suyas, en lo único que se fijan y a lo que conceden importancia es a una limitación concreta (ya sea física, de personalidad…) Es muy importante que reconozcamos que es el diálogo que tenemos con nosotros mismos el artífice de cómo nos construimos, de cómo podemos vernos de una forma más o menos positiva.
Os dejo una lista de pensamientos negativos o creencias limitantes que pueden estar presentes en la forma de construirnos a nosotros mismos (incluyo algunos que se refieren más a cómo construimos una situación, pero que al estar relacionados con sentimientos que generan malestar creo importante que los tengáis en cuenta).
Es un punto de partida importante para modificar nuestra autoestima, así que os aconsejo leerlos atentamente y estar alerta a qué tipo de pensamientos son los que más frecuentemente se “cuelan” en vuestra forma de veros en determinadas situaciones. Luego habrá que ver qué hacemos con ellos.

Sobregeneralización. A partir de un hecho aislado se crea una regla universal, general, para cualquier situación y momento y se sacan conclusiones negativas globales que van más allá de la situación actual.  Por ejemplo: he fracasado una vez (en algo concreto) y pienso “¡siempre fracasaré!” (se interioriza como que fracasaré en todo);  “me siento incómoda en las fiestas, nunca podré hacer amistades”.
Designación global o etiquetación. Ponemos etiquetas globales sobre nosotros mismos y las demás personas sin considerar que la evidencia lleva a conclusiones menos desastrosas: “soy una perdedora”. Se utilizan términos peyorativos para describirse a uno mismo, en vez de describir el error concretando el momento temporal en que sucedió: “¡qué torpe (soy)!”, en lugar de pensar que “soy torpe para seguir unos pasos de baile
Pensamiento de “todo” o “nada” (también llamado “blanco o negro”, pensamiento polarizado o dicotómico).  Se llevan las cosas a sus extremos. Se tienen categorías absolutas: es blanco o negro; estás conmigo o contra mí; lo hago bien o mal. No se aceptan ni se saben dar valoraciones relativas; o es perfecto o no vale. Se ve una situación en sólo dos categorías en lugar de verla como un continuo: “Si no tengo éxito total en esta tarea, soy una fracasada”
Filtro mental. Vemos sólo lo negativo, obviando lo positivo: “¡cómo pude decir eso, he fastidiado la cita!”. Se fija la atención sobre un detalle negativo sin considerar la globalidad del contexto, situación o conducta: como he tenido un error en un problema, aunque los demás estén bien realizados, significa que soy inútil.
Descalificar o minimizar lo positivo. Rechazamos o no valoramos nuestros logros, cualidades, acciones y otras experiencias positivas insistiendo en que no cuentan o son poco importantes: "A mí sólo me fue bien el examen porque era fácil”; “Me dice cosas agradables sólo por quedar bien”; “Yo hice bien esta mañana lo que tenía proyectado, pero eso no significa que soy competente, ha sido suerte”
Con el filtro mental hacia lo negativo y minimizando lo positivo lo que hacemos es evaluarnos a nosotros mismo, a otras personas o a una situación, de forma poco razonable y se magnifica lo negativo o se minimiza lo positivo: "conseguir una calificación mediocre en ciencias confirma lo tonta que soy, conseguir altas puntuaciones en lengua no significa que sea inteligente".
Imperativos categóricos: “Tendría” “Debería”. Se tiene una idea fija y precisa de cómo uno mismo o las demás personas deberían comportarse y se sobreestima lo malo que es que estas expectativas no se cumplan: “Es terrible que haya cometido un error. Yo debería hacer siempre las cosas bien”
Autoacusación. Uno se encuentra culpable de todo. “Tengo yo la culpa ¡tendría que haberme dado cuenta!”
Personalización.  Suponemos que todo tiene que ver con nosotros y creemos  que todo lo que la gente hace o dice es alguna forma de reacción hacia nosotros, sin considerar explicaciones más plausibles para su conducta: “Juan está muy callado, seguro que he hecho alguna cosa que está mal”
Lectura del pensamiento. Se cree que se conoce lo que las otras personas están pensando, fallando en considerar otras posibilidades que podrían ser más probables: “Está pensando que soy una idiota porque no hablo”. En general suponemos que no interesamos a los demás, que no les gustamos, creemos que piensan mal de nosotros... sin evidencia real de ello. Son suposiciones que se fundamentan en cosas peregrinas y no comprobables.
Razonamiento emocional.  Si lo siento así es verdad. Nos sentimos solos, sin amigos y creemos que este sentimiento refleja la realidad sin parar a contrastarlo con otros momentos y experiencias: "Si es que soy un inútil de verdad", porque "siento" que es así realmente. Pensamos que las cosas deben ser verdad porque nos “sentimos”, rechazados, ignorados y minimizamos la evidencia contraria: “Yo sé que he hecho un montón de cosas bien, pero soy una fracasada porque así lo siento”
Catastrofismo. Se vive con el temor a lo peor que pueda suceder; incluso, al oír relatar determinadas vivencias, se vive con la posibilidad de que pueda sucederle a uno mismo creando una interminable lista de “Y si …”, a veces con poca visión de realidad y objetividad: “Si voy a cena con mis amigas, luego se esperan heladas, y si el coche no arrancara al volver, no tendré medio de transporte; probablemente no haya taxis libres y se hará tarde, y mi marido se preocupará y estará desvelado toda la noche”
Falacias:
.Falacia de control. Presuponer que tenemos que tener un control y una responsabilidad excesiva sobre lo que ocurre a nuestro alrededor; o por el contrario, podemos vernos como incompetentes e impotentes en grado extremo para manejar los propios problemas, o sentirnos externamente controlados por otros o por las circunstancias.
.Falacia de justicia. Enjuiciamos como injusto aquello no coincidente con los deseos, necesidades, creencias y expectativas personales. Consiste en una visión de la vida con normas y criterios estrictos donde otras opiniones o alternativas se descartan. 
.Falacia de cambio. Presuponer que la felicidad de uno depende exclusivamente de los actos y conductas de los demás o de las circunstancias externas; exige cierta condicionalidad; se espera que la actitud de cambio venga de los demás, en vez de responsabilizarse de nosotros mismos.
.Falacia de razón. Presuponemos que somos poseedores de la verdad absoluta obviando opiniones ajenas; creemos que nuestras opiniones y acciones son las correctas y válidas e intentamos continuamente demostrarlo tanto a nosotros mismos como a los demás con argumentos elaborados pero falaces; no toleramos equivocarnos y haremos todo lo posible para evitarlo.
.Falacia de recompensa divina. Pensamos o esperamos que en un futuro los problemas mejoren por sí solos, o que seremos recompensados de alguna forma, sin tomar una actitud proactiva. 

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