jueves, 5 de febrero de 2015

¿Por qué ir a una psicóloga?

La psicología, a pesar de que poco a poco va cambiando la concepción que de ella se tiene, todavía hoy, es una gran desconocida. El hecho de ir "al psicólogo" genera aún muchos tabúes y prejuicios. ¿Por qué ir a una psicóloga? ¡Si yo no estoy loca!, ¡si  yo no tengo ningún trastorno mental!
En todo caso, hay muchos prejuicios contra la enfermedad mental. Todo el mundo podemos tener una depresión, un ataque de ansiedad, pasar por un duelo complicado… en un momento u otro de nuestra vida. Por otra parte, en general  hay un gran desconocimiento sobre un trastorno mental como la esquizofrenia, generando actitudes de discriminación y/o incomprensión.

Mi objetivo ahora no es entrar en ese debate. Es importante conocer que, además de tratar la enfermedad mental, la psicología puede actuar en un muy amplio abanico de situaciones. Cualquier persona puede beneficiarse de la terapia psicológica para mejorar y mantener la salud emocional, física y mental.
A veces, nos podemos sentir mal emocionalmente, nos enquistamos en una situación que nos genera dolor y sufrimos. También podemos sentirnos desorientados y no saber bien qué hacer con nuestra vida. En ocasiones quizás sentimos que nos sobrepasa un conflicto familiar o laboral. Puede que nuestra relación de pareja está pasando una crisis, con continuas discusiones y conflictos; he de decir que, lamentablemente, en estos casos la mayoría de las parejas vienen ya tarde, cuando el problema está muy enquistado y es muy difícil abordarlo. O, simplemente, queremos profundizar en nuestro crecimiento personal, reconocer y conocer nuestras limitaciones y reconocer y potenciar nuestros recursos personales.

A continuación doy unas pistas de esas situaciones donde la terapia psicológica puede ayudar y facilitar herramientas y pautas que pueden facilitar un mayor bienestar emocional y mental.


CRECIMIENTO PERSONAL

Implicarse en un proceso de autoconocimiento, de mejora de la autoestima, de incrementar nuestras habilidades… puede ser un camino de superación personal que nos lleve hacia el cambio.
Problemas de timidez, aumentar nuestra autoconfianza, mejorar nuestras habilidades sociales o de hablar en público, potenciar nuestras dotes de liderazgo, plantearnos qué queremos hacer con nuestra vida en un momento en que nos sentimos confusos... pueden ser cuestiones fácilmente abordadas en consulta.
Otro aspecto importante tiene que ver con todo aquello que no nos permite ser nosotros mismos, ser sencillamente quienes somos. La sociedad impone como "normativos" unos valores en cuestión de roles, identidad sexual o forma de expresar la sexualidad con los que podemos no sentirnos cómodos o que no compartimos.
 No poder reconocer, asumir y aceptar nuestra identidad sexual o nuestra orientación sexual puede generar mucho sufrimiento, y una terapia especializada puede facilitar que nos liberemos de esos sentimientos negativos y creencias que nos impiden expresar una parte tan importante de quienes somos.

ESTRÉS  Y ANSIEDAD

Ciertos aspectos de la vida son estresantes, y muchas situaciones, desde una entrevista de trabajo a problemas en las relaciones personales,  pueden hacer que sintamos ansiedad. El estrés y la ansiedad, si se deja que persistan, pueden llevar al aislamiento social y depresión, además de otros problemas.
También podemos sentir ansiedad intensa ante situaciones específicas (fobias) o sentir desasosiego y miedo ante un cambio importante, o tener problemas para adaptarnos a una situación nueva.
La terapia puede ayudar a controlar el estrés y la ansiedad encontrando su origen o la causa de esos problemas, así como facilitando las estrategias  adecuadas para afrontarlos.

DEPRESIÓN
Sentimientos abrumadores de impotencia o desesperanza son síntomas comunes de la depresión. Aunque a veces creemos que podemos "salir" de la depresión, puede que nuestros propios recursos en esos momentos no sean suficientes. La depresión es un trastorno común caracterizado por la pérdida de interés en las cosas, experimentar fatiga y falta de energía y dificultad para controlar las emociones. La terapia puede ayudar a encontrar la fuente de la depresión, que a menudo es el primer paso para comenzar a sentirnos  mejor, dando además herramientas para afrontarla.


PÉRDIDAS

La muerte es una parte inevitable de la vida, pero eso no lo hace más fácil de afrontar. Cada uno maneja la pérdida de un ser querido, ya sea un padre o una mascota, de forma diferente. Elaborar un duelo de forma adaptativa no siempre es fácil; en ocasiones se convierte en un duelo complicado o bien evitamos y negamos la realidad de la pérdida, lo que genera un gran sufrimiento. La terapia psicológica ayuda a encontrar los medios adecuados para hacer frente a la muerte de alguien que nos es cercano.
La muerte no es la única forma de experimentar la pérdida. Una ruptura de pareja, perder el trabajo, enfrentarte a un proceso de enfermedad crónica o que requiere un tratamiento invasivo (cáncer…), ir a vivir a otro país… son situaciones que nos sitúan ante pérdidas que pueden ocasionar un alto impacto emocional.

Familia y relaciones
Las relaciones, ya sean familiares, personales o relacionadas con el trabajo, tienen sus altibajos. Si bien algunas relaciones pueden ser una de las mejores cosas de la vida, sin duda también pueden ser una fuente de estrés y problemas. Trabajar en terapia (de forma individual, en pareja o en grupo) puede ayudar a gestionar de forma adaptativa los conflictos que pueden surgir incluso en las relaciones más fuertes.

Malos hábitos y adicciones

Algunos hábitos: fumar, beber y el consumo de drogas, se utilizan a menudo para escapar o evitar enfrentarse a problemas subyacentes, pudiéndose convertir en adicciones.
Salir de una adicción es un proceso complicado y en ocasiones podemos necesitar ayuda. La terapia puede facilitar soporte para enfrentarnos a situaciones como el período de abstinencia o las recaídas, además de incidir en aquellos aspectos emocionales que nos han llevado a un hábito adictivo.

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