miércoles, 25 de febrero de 2015

Afrontando los miedos

Antes que nada quiero que hagáis un pequeño ejercicio. Coged una hoja y apuntad palabras que os vienen a la mente cuando pensáis en miedos…
¿Entre estas palabras se encuentran las siguientes?: obstáculo, barrera, impedimento,….
¿Qué tal si las sustituimos por RETO? No es lo mismo enfrentarse a un obstáculo que a un RETO. Más que obstáculos, imaginemos que tenemos muchos retos que alcanzar en nuestra vida; retos a nuestro alcance, asequibles… si los gestionamos de manera adecuada.

Un secreto, todo el mundo tiene miedos, sus propios miedos, aunque haya gente a quien le cueste reconocerlos. Miedos diferentes según las personas y que se manifiestan de manera distinta, pero todo el mundo tiene sus miedos, lo que cambia es cómo los gestionamos. Es verdad que hay a quien le puede costar aceptarlos, porque no es agradable sentirse vulnerable, pero los miedos son algo inherente al ser humano. Además hemos de pensar que el miedo no tiene porqué ser desadaptativo, más bien al contrario, tiene la función de señalar un peligro presente ¡yo no me metería sola por una callejón oscuro a altas horas de la madrugada y más según dónde!
A los miedos a los que me referiré son aquellos miedos que no nos dejan avanzar, a aquellos miedos imaginarios o irracionales que no nos dejan ir hacia dónde queremos ir y nos bloquean. Este tipo de miedos no tienen ninguna base en la realidad, son productos de ideas irracionales, de la forma en que percibimos (construimos) la situación y a nosotros mismos. Estos son los miedos que nos impiden lograr la vida que deseamos: el miedo de conocer gente nueva o intentar algo nuevo; miedo al éxito y el miedo al fracaso; el miedo de dejar un trabajo que se odia; salir de una relación que no funciona, o mudarse a una nueva ciudad.

Como he comentado lo importante no es tanto tener miedos sino cómo los gestionamos.

El primer paso es reconocerlos. No siempre es fácil, porque en ocasiones cierto miedo esconde otro más profundo. Identificar a qué tenemos miedo y reconocerlo sería así el primer paso. Algunos serán más evidentes (fobia a volar o a las arañas, miedo a hablar en público) y otros nos costarán más (el miedo al cambio se puede auto justificar muy fácilmente “ya me va bien así”). Otros ni nos los querremos admitir, están muy profundamente arraigados en nuestra identidad; no importa, muchas veces al trabajar miedos que sí reconocemos conforme avanzamos nos encontramos con el reto de superar ese miedo que hasta ese momento no habíamos detectado.
Si os es difícil reconocer vuestros miedos, pensad que el sentimiento que está ligado al miedo es LA ANSIEDAD. Aunque no lo reconozcamos en un primer momento, siempre que sentimos ansiedad hay un miedo. Nos podemos detener a explorar a qué estamos teniendo miedo en esos momentos de ansiedad.
En todo caso podemos empezar por aquello que más nos está limitando, aquello que no nos está dejando avanzar. Pongamos por caso aquellos objetivos, aquellas metas que queréis lograr, lo tenéis claro, pero no hacéis nada por conseguirlo o lo habéis dejado de lado. En ocasiones se tiene claro el miedo o el “no soy capaz”. En otras ocasiones habrá muchas autojustificaciones: más adelante, ahora no es el momento…; sin embargo, puede que si somos honestos con nosotros mismos, y profundizamos en nuestras emociones, podamos observar que cuando pensamos en ese objetivo y en cómo lograrlo sentimos cierta ansiedad, un nudo en el estómago ¡tenemos miedo!, ¿pero a qué? Es aquí cuando conviene sincerarse con uno mismo y tener presente todas aquellas ideas que nos vienen a la mente cuando pensamos en ello; escribirlo es una buena opción. Si yo me planteo, “esto es lo que yo quiero realmente”, las siguientes preguntas que nos podemos hacer es “¿qué dificultades pienso que se interponen en mi camino?, ¿qué me impide abordar ese reto?

Os dejo para que vayáis haciendo esa lista. (Continuará...)

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