jueves, 22 de mayo de 2014

La autocrítica destructiva y la culpa

En anteriores post, al hablar de la autoempatía, observamos la importancia de tener presente el tipo de crítica que nos dirigíamos a nosotros mismos. ¿Nos criticamos de una forma muy dura?, ¿o es lo normal, lo "que toca"? A veces nos es difícil saberlo. 
La crítica es necesaria y útil, pero cuando juzga y culpa, encuentra errores imperdonables, nos comparamos con los demás siempre en términos negativos… se convierte en destructiva, en una crítica inútil y dolorosa.  ¿Acaso nos sirve para avanzar o sólo para sufrir? La función de la crítica es darnos cuenta de nuestros errores y  aprender para intentar no volver a cometerlos; genera malestar porque nos hace conscientes de nuestra vulnerabilidad, de que no somos infalibles, ¡sólo humanos!, pero NO tiene que generar SUFRIMIENTO.
La diferencia entre una crítica constructiva y una destructiva es el sentimiento que se deriva, pues cuando te sientes mal muy frecuentemente, con culpa y rabia hacia ti, le das constantemente vueltas a lo que deberías haber hecho… estamos hablando de una crítica destructiva. Lo único que resulta de este tipo de crítica es que se evitan situaciones parecidas o se viven con cada vez más malestar o angustia.
Este tipo de crítica es inútil y estéril porque está basada en el pasado, nos ancla en él. En lugar de sentir ese lógico malestar por algo que no hemos hecho o no ha salido como NOS GUSTARÍA y a partir de ahí aprender y avanzar, le damos vueltas y vueltas constantemente convirtiéndose en un bucle del que nos cuesta salir. La crítica basada en la culpa es de lejos la que despilfarra mayor cantidad de energía emocional. ¿Por qué? Porque, por definición, te estás sintiendo inmovilizado en el presente por algo que ya pasó. Y no existe culpabilidad, por grande que sea, que pueda cambiar nuestra historia o lo que pasó. El error que en el fondo cometemos cuando nos culpamos, más conscientemente o no, es que es una tentativa de cambiar lo sucedido, de desear que las cosas no fueran como son;  pero la realidad es así y no podemos hacer nada al respecto. Lo que sí podemos hacer es empezar a cambiar nuestra actitud respecto a las cosas que nos producen culpa. Podemos revisar ese nivel de autoexigencia que nos autoimponemos, cuestionarnos un determinado valor o creencia que nos ha servido hasta el momento pero que quizá ahora no nos está sirviendo (por ejemplo creer que hay errores imperdonables ¡tenemos derecho a perdonarnos por nuestros errores!, sean estos cuales sean)...

En definitiva, cuáles serían las características de esa crítica que debemos  evitar:

. La tenemos interiorizada, forma parte de nosotros, ¡y la vivimos como incuestionable! A veces, paradójicamente, es la única manera que tiene la persona de sentirse mejor, pues de otra manera tendría que afrontar directamente sus sentimientos de rechazo, desamparo…

. Se basa en un estilo de interpretación basado en muchas distorsiones. Las más usuales son realizar atribuciones estables “COMO SIEMPRE” e internas "NUESTRA CULPA" y las exigencias inflexibles “DEBERÍA”

. Utiliza un lenguaje negativo “SOY UN DESASTRE”, “HE QUEDADO COMO UNA IDIOTA”

. No para, es constante. Además no reprocha únicamente el error que puntualmente acabamos de cometer, sino que encadena hechos y acusaciones del pasado. Conclusión: “somos inútiles”

. Están basadas en un listón que nos autoimponemos y que la mayoría de las veces es objetivamente inalcanzable y perfeccionista. De hecho pretender no cometer NUNCA un error o ser SIEMPRE coherentes con nuestros valores es ya irreal.

En el próximo post algunas ideas para combatir la crítica destructiva.

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