miércoles, 30 de octubre de 2013

¿La realidad? MI realidad

En varias ocasiones he mencionado el hecho de que nosotros somos parte activa en la forma en que construimos la realidad. ¿Qué quiero decir con esto?

Cualquier conocimiento del mundo exterior está determinado por nuestro sistema sensorial y cognitivo; cada vez que escuchamos algo, miramos algo o tocamos algo, lo que vemos o sentimos es fruto de la interacción entre ese estímulo externo y nuestro sistema sensorial y cognitivo. Parece así imposible tener un conocimiento objetivamente cierto de la realidad, y más parece que  existen diferentes realidades subjetivas. Diversos estudios han demostrado que nuestras expectativas, nuestras experiencias anteriores y nuestros estados de ánimo pueden influir en cómo percibimos la realidad. Por ejemplo, si estamos de buen humor, tendemos a atribuir más características positivas y deseables al dar una opinión sobre alguien que si estamos de mal humor; las expectativas del profesorado sobre la inteligencia del alumnado influyen en el rendimiento de éste; el conocido efecto placebo, donde la expectativa que tenemos de que una pastilla, en realidad inocua, va a tener un efecto determinado induce a que se produzcan efectos parecidos a los del fármaco. No quiere decir que no haya una realidad relativa a las propiedades de los objetos o situaciones (una realidad de primer orden, como señalaría Watzlawick), sino que además podemos considerar una realidad de segundo orden que se construye a partir del significado y valor que le damos a esos objetos y situaciones. Dicho de otro modo, el nivel de las cosas y los hechos son las descripciones de base sensorial de lo que percibimos; los significados son las interpretaciones, creencias, atribuciones realizadas o derivadas de esos hechos que percibimos. Además hemos de tener en cuenta que en la selección de los hechos también podemos diferir, pues lo que puede ser relevante en un caso o para una persona puede no serlo en otro o para los demás.

¿Qué implica el hecho de que seamos constructores de nuestra realidad? En la mayoría de los casos nuestros problemas no están relacionados con las cosas, con los hechos, sino con el sentido, significado y valor que les damos. Imaginemos por ejemplo que me reconozco como una persona resolutiva, pero ¿qué relevancia le doy? ¿qué peso le doy, a la hora de percibirme, en mi autoconcepto? ¿qué sentido le doy? La intervención que tienda al cambio ha de ir dirigida a modificar el modo en que hemos construido esa realidad y que afecta a cómo reaccionamos expresándose en la relación que cada uno mantenemos con nosotros mismos, con los demás y con el mundo. Continuará…

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