martes, 22 de enero de 2013

Autoeficacia

En la anterior entrada hablábamos de la importancia de tener unos objetivos que lograr, de tener unas metas que nos motiven. Sin embargo, además de tener claros esos objetivos es esencial tener en cuenta un aspecto: que nos creamos capaces de lograrlos. Es aquí donde creo importante hablar de otro de los componentes de la autoestima: la autoeficacia.

La autoeficacia es la “opinión” que tenemos sobre nuestras posibilidades de alcanzar determinados resultados; son los juicios que tenemos cada uno de nosotros sobre nuestras capacidades. Y esto es importantísimo, porque los pensamientos que tenemos sobre nuestras capacidades van a organizar nuestras acciones, afectando tanto a la elección de la respuesta o lo que hacemos como a la motivación o esfuerzo con que nos vamos a implicar. La consecución de un logro no depende únicamente de nuestras habilidades, sino de la creencia por parte nuestra de que disponemos de la eficacia suficiente para utilizarlas. La experiencia de éxito no solamente implica un análisis racional y frío de las posibilidades objetivas de éxito (expectativas de resultados), sino también la valoración subjetiva de lo capaces que nos sentimos (expectativa de eficacia). En el fondo, estamos hablando de la confianza que tenemos en nosotros mismos, de la confianza de alcanzar las metas que nos proponemos exitosamente.

Las causas más comunes para percibirnos con una baja autoeficacia son: ver las cosas como incontrolables (lo que se da en llamar indefensión aprendida, pues una historia de fracasos puede hacer que la persona perciba que no tiene ningún tipo de control sobre la situación), creer que la propia conducta está regulada más por factores externos que por uno mismo (Locus de Control externo) y utilizar un estilo atribucional interno para los fracasos y externo para los logros. Conviene aquí repasar todo lo aprendido sobre los estilos atribucionales 
(http://monicatimon.blogspot.com.es/2012/10/el-estilo-atribucional.html). 

Lo negativo de percibirnos con una baja autoeficacia es que la respuesta usual es la evitación; si creo que no lo voy a conseguir, ¿para qué el esfuerzo?. La evitación impide que estemos expuestos el tiempo suficiente para vencer el miedo o solucionar el problema. Enfrentarse a miedos es incómodo, pero es el precio para cambiar la situación y vencerla.


La autoeficacia puede aprenderse, para esto es necesario identificar, reconocer, desarrollar y confiar en las habilidades propias y usar las fortalezas para alcanzar el logro de los objetivos personales. Anticipar “no soy capaz”, ser pesimista y fatalista, centrarnos únicamente en los errores o fracasos nos conducirá a tener una baja confianza en nosotros mismos; ser realistas, dar valor a los logros conseguidos y aprender de los fracasos, ser capaces de mantener un diálogo interno positivo con nosotros mismos para perseverar en el esfuerzo y los intentos que hemos de realizar para lograr lo que deseamos facilitará nuestra autoconfianza. 
Para sentirse autoeficaz es imprescindible asumir el riesgo, ponerse a prueba uno mismo enfrentando desafíos personales posibles de realizar, siempre bajo expectativas realistas.

Una pregunta, ¿tus metas actuales muestran confianza o desconfianza en ti mismo? Tienes derecho a esperar más de ti y de la vida. No dejes que el miedo y la inseguridad decidan por ti.




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