martes, 23 de octubre de 2012

El estilo atribucional

Además de los pensamientos negativos a los que he aludido en las dos anteriores entradas hay otro aspecto esencial en la forma en la que construimos nuestra forma de interpretar la realidad y cómo nos autopercibimos. Señalé la importancia de centrarse en lo positivo, e insté a que pensáramos en nuestros logros. Ahora pensad, ¿cuál fue la causa o el motivo que me permitió conseguir ese logro?. ¿Dependió de mí, de mi capacidad, esfuerzo…? o bien ¿dependió de factores externos, como la suerte, su facilidad, la interferencia de otros...? La obtención de un éxito no es suficiente para motivarnos, hemos de percibir que ese éxito se debe de alguna manera a nuestra valía.
Lo mismo serviría ante nuestros fracasos, ¿qué nos decimos? no lo logré porque soy incapaz de hacerlo, o bien porque no era el momento oportuno o no me había preparado lo suficiente.

Ante los hechos cotidianos hacemos interpretaciones y nos damos explicaciones acerca de sus causas, de por qué se dio de ese modo. Por ejemplo, si llego tarde a una cita puedo explicármelo del siguiente modo: “siempre llego tarde a todos los lados” o bien “me he entretenido acabando una cosa, pero no llego tarde normalmente”.
Este tipo de explicaciones constituyen lo que se llaman ATRIBUCIONES. Las atribuciones son como una serie de automensajes que nos damos, una especie de lenguaje interno, y a veces es difícil detectarlas, pero no son inconscientes y podemos estar alerta para detectarlas.
Hay diferentes tipos de atribuciones, según su generalización situacional, su generalización  temporal y según dónde situamos el control de nuestras atribuciones.

1. Situacionales
a. Atribuciones globales. La explicación de un hecho concreto se generaliza a otros hechos o situaciones de la vida de cada uno, como en el ejemplo anterior: si llego tarde a una cita pienso “siempre llego tarde a todos los lados”.

b. Atribuciones específicas. No se establece conexión entre la causalidad de un  hecho o situación concreta y otras situaciones de nuestra vida, como por ejemplo, en el sentido contrario al anterior, si llego tarde a una cita me digo: “me he entretenido acabando una cosa, pero no llego tarde normalmente; la próxima vez saldré antes de casa”.

 2. Temporales
a. Atribuciones estables. La causa de que sucede se perciba como inmutable, repitiéndose en el futuro: “siempre llegaré tarde”. 

b. Atribuciones inestables. La causa se interpreta como una situación “hoy, ahora”, y no se relaciona con ningún espacio temporal, ni pasado ni futuro: “hoy he llegado tarde”. 

 3. Locus de control
a. Atribuciones internas o LOCUS DE CONTROL INTERNO. Se sitúa la causa de los resultados en el sí mismo; la causa de lo que acontece lo situamos en nuestra propia persona: “llegué tarde a la cita porque soy un desastre incapaz de controlar la hora”.

b. Atribuciones externas o LOCUS DE CONTROL EXTERNO. Se sitúa la causa de los resultados en factores externos: “llegue tardé porque me llamaron en el último momento”.

Cada uno de nosotros tenemos una tendencia a usar un tipo determinado de atribuciones, y esto constituye lo que se denomina: estilo atribucional.

Se ha observado que las personas con problemas de autoestima suelen desarrollar el siguiente estilo atribucional:
-Ante situaciones positivas (un logro o un éxito): atribuciones externas, específicas e inestables. Es decir, que ante algo que he logrado o realizado de forma positiva se piensa que es debido al azar o la suerte (externo) y que ha ocurrido puntualmente y no se repetirá (específica e inestable).

-Ante situaciones negativas (fracasos) atribuciones internas, globales y estables. Es decir, ante un fracaso me digo que es debido a mi incapacidad o inhabilidad, que ocurrirá en más situaciones y que nunca cambiará.

Esta forma de pensar hace que nos sintamos responsables de nuestros fracasos pero no de nuestros éxitos, y merma nuestra autoconfianza repercutiendo de forma negativa en nuestra autoestima.
En el caso de que seas una persona que te veas reflejada en este perfil es necesario un entrenamiento reatribucional que permita una evaluación más constructiva de la realidad.  Hemos de reconocer y hacernos responsables de nuestros éxitos, y de nuestros fracasos también (la idea no es no reconocer nuestros límites y ser irracionalmente optimistas), pero de una manera constructiva y honesta que permita el crecimiento personal.

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